Ser padres de un arquero de fútbol

Ser padres de un arquero de fútbol

Ser padres de un portero es diferente, por Javier Manso y Veronica Giménez

Ser padre de un portero es diferente, por Javier Manso y Verónica Giménez, padres de Pau, portero pre-benjamín del CF. Reus Deportiu. Reflexiones de unos padres con hijo portero en los primeros años del fútbol base.

 

Así es, o al menos así lo siento. Ser padre de portero es diferente. Ni mejor ni peor. Simplemente diferente. Tenemos otras “preocupaciones” y vivimos el partido de forma distinta a como lo hacen el resto de familias de jugadores de campo.

 

Es bien sabido que todo tiene un comienzo, y en el caso del fútbol este inicio es el fútbol base. Todo futbolista, ya sea profesional o aficionado, ha pasado por una época en su infancia dónde ha sido formado en este deporte. Son unos años que seguramente la mayoría recuerdan con una sonrisa y dónde la familia suele tener un papel importante.

Sus padres, abuelos o tíos, son los que los llevaban a entrenar, a los partidos, los que estaban allí en la victoria y en la derrota. Como padre de un pequeño portero, me propongo realizar una serie de reflexiones subjetivas sobre lo diferente que es tener un hijo bajo los palos. Todo ello basadas en mi propia experiencia. Seguramente no tengan un valor científico, pero que creo que más de un padre/madre de guarda-meta se podrá sentir representado.

Ser padre de portero es diferente porque nuestro hijo tiene un papel especial en el partido. Un día en el blog que tenemos dedicado a reflejar nuestros pensamientos como padres de un portero, escribimos un artículo que llevaba por título “portero-jugador, la diferencia está en el casi”. Se trataba de reflexionar sobre las diferencias que hay entre unos y otros.

Ser padre de un portero

La comparación giraba en torno a la palabra “casi”. Así cuando un padre/madre le preguntaba a su hijo delantero como había ido el partido, él podría responder “casi meto un gol”. En el mismo supuesto para el chico portero, la repuesta podría ser “casi paro un gol”.

En ambos casos no habían conseguido su objetivo, pero uno no había tenido mayor relevancia y en el caso del cancerbero el resultado habría sido un gol. La familia tenemos que ser consciente de ello y aprender a convivir como ellos mismos lo hacen. Sabemos que un “fallo” suyo es mucho más relevante que el de un jugador de campo. El trabajo del padre/madre en este caso es ser un apoyo en esos momentos. En nuestro caso intentamos inculcar, espero que con éxito, que aunque se reciba un gol hay que levantarse y seguir. Y puede parecer fácil sobre el papel. Pero explícale a un niño de 5 años eso.

Ser padre de portero es diferente porque nuestro hijo vive de forma distinta un partido. Un día leí una frase que decía algo así: “Habitualmente soy el mejor del equipo cuando mi equipo no ha jugado bien”. Y es bien cierto. Actualmente nuestro hijo es pre-benjamín de segundo año. Esta categoría es muy irregular, con equipos muy fuertes y muy flojos.

No existen divisiones, con lo que todos juegan contra todos. Eso crea que haya partidos en que su equipo gane 10-0, partidos en que no llega a tocar un solo balón. Y otros partidos en los que pierden 5-1 pero en los que para 20 chutes. ¿Dónde salen más felices la mayoría de las familias del equipo?  Por supuesto en el ganado. ¿Dónde sale más feliz la familia del portero? Yo  lo tengo claro, en el que pierden, porque es dónde mi hijo se ha divertido y ha aprendido.

Ahora nuestro hijo ha madurado un poco y cuando no tiene trabajo en el campo intenta ayudar al equipo animando desde la frontal de su área, pero hace un par de temporadas, con 4-5 años, era su mayor tortura. Ya me diréis como hacer que un niño a esa edad esté atento 40 minutos a un partido cuando no le llegan una sola vez.

Otra cosa era cuando jugaban contra equipos potentes. Ahí sí que disfrutaba, aunque perdiera. Con este ejemplo quiero seguir reforzando la diferencia de ser familia de un arquero respecto a un jugador de campo. Ser padre de portero es diferente porque nuestra mirada se centra en nuestra portería cuando el resto de familias tiene el punto de mira en la portería contraria.

Os voy a proponer un ejercicio curioso. Cuando vayáis a ver un partido de fútbol base intentad buscar al padre del portero, sobre todo en los primeros años del fútbol base. En muchos de los casos lo encontrareis detrás de la portería o en un lateral pero no demasiado lejos. ¿Y el resto de las familias? La mayoría en el ataque, para ver los goles. En mi caso personal me suelo poner en un lateral, a nivel de la frontal del área. Su primer entrenador de portero me aconsejó no ponerme nunca detrás, ya que podía ser una causa de distracción para el chico. Y desde entonces, si el campo lo permite, me coloco allí. Y en la mayoría de ocasiones solo, o como mucho acompañado del padre del defensa. A veces lo pienso y me digo a mi mismo que vaya tontería.

Nuestro hijo lo hará igual esté yo cerca o no, pero es una especie de “hábito” que creo que muchos padres con niños pequeños porteros tenemos. Ser padre de portero es diferente pero aún así estoy orgulloso de ser “el padre del portero”. Sufro seguramente más que los otros padres, pero cada día un poco menos.

Esta diferencia no es siempre bien aceptada por lo que me gustaría aprovechar estas líneas para dedicar unas palabras a aquellos padres que no dejan a sus hijos ser porteros por ser una posición ingrata (que “haberlos haylos”) . Dejen ustedes que su pequeño sea lo que quiera ser. Al principio se hace duro pero cuando asumes su rol en el equipo, te das cuenta de que el portero es una figura diferente y esencial en el fútbol.

Probablemente  nunca meterá un gol. Pero llegará el día en que pare el balón imposible, y ese día sentirás un orgullo difícil de explicar. Y también habrá momentos malos, cuando tu hijo falle, pero en ese momento verás cómo se levanta, y te darás cuenta  de  que ser portero le hace ser más fuerte psicológicamente.

Porque cuando un chico se forma como portero, no sólo lo hace físicamente, lo hace también mentalmente, con lo que puede ser una gran lección para la vida. Y esa formación mental la tenemos que desarrollar también sus familias para poder disfrutar al 100% de este deporte que es ser portero del fútbol.

 

Javier Manso y Verónica Giménez
http://padresde1portero.blogspot.com  Twitter: @padresd1portero

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Diego H. Rodriguez

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Comentarios (1)

Mariela

Me encanto el articulo, porque soy mamá de un arquero de 8 años, Tomas, y me vi reflejada en cada palabra. Gracias por los consejitos que dan, de ahora en más los voy a hacer mios!!

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