La competencia como una herramienta y no como un resultado

Los deportistas entrenamos duro para GANAR pero, ¿estamos preparados para perder? ¿cuál es nuestra reacción hacia la derrota? ¿la utilizamos para mejorar o nos gana la frustación?

Vivimos en un país donde el fútbol pareciera ser lo más importante que tiene el común de la gente, el cual es capaz de determinar el estado de ánimo de muchas personas cada fin de semana al finalizar una fecha. Es un fenómeno increíble y complicado de explicar, sin embargo creemos que mucho tiene que ver con la niñez que viven muchos argentinos que nacieron en una familia futbolera.

Muchos niños nacen con una gran presión familiar. Apenas comen y duermen pero el entorno ya hace preguntas como: ¿será goleador?, ¿será arquero?, ¿saldrá como el padre o el abuelo?. A medida que va creciendo comienza a interactuar con una pelota y posiblemente ya hayan recibido una como regalo.

Normalmente el primer encuentro con el deporte propiamente dicho es a los 5 años cuando comienza a practicarlo en una escuela formativa, en la cual va a empezar a conocer lo que es la competencia en el deporte.
Durante estos comienzos, en varias ocasiones, vemos un mayor seguimiento de la familia del niño para observar cómo se desarrolla y aprende. Sin querer, muchas veces se escuchan preguntas como: ¿el partido cómo salió?, ¿ganaron? ¿hiciste algún gol? ¿cuántos goles te hicieron?

Tal vez nos parezcan “normales” este tipo de preguntas, pero realmente no se toma dimensión de lo que pueden provocar en un niño de temprana edad. Seguramente no lo hagan con maldad. Muchas veces hoy preguntamos lo que nos preguntaban de niños. Si recordás algo de lo que te decían y decís, te invitamos a comentarlo debajo en los comentarios.

Con las ganas de divertirse del niño también comienzan los sueños de toda una familia. Muchas veces influye el contexto socio-económico y la familia desea conseguir llegar a la élite del fútbol. Existen muchos casos donde jugadores argentinos salvaron a sus familias y lograron darles un gran pasar económico, sin embargo es un porcentaje muy chico de niños que lo logran.

En una investigación realizada por Marcelo Roffé, un psicólogo deportivo de seleccionados juveniles, habla de que cada 100 chicos que lo intentan solo uno lo consigue. Cuando vemos esto es imposible no pensar en los 99 chicos que no lo logran.

Retomando con el aspecto escolar, vale aclarar que son muy pocas instituciones en el país que se ocupan para que los chicos vayan al colegio y jueguen al fútbol simultáneamente.
Sin embargo hay otros niños que juegan en clubes donde se apunta a lo deportivo y comercial. Ese caso es donde el acompañamiento familiar es fundamental a ir a la escuela y por qué no a la facultad. Sobretodo pensando en la posibilidad de que no logre ser profesional.

En este momento tenemos que reflexionar como sociedad acerca de cómo podemos apoyar a los niños para que cuando no logren el resultado esperado puedan controlar sus emociones, no frustrarse, seguir aprendiendo y yendo por sus objetivos.

Entendemos que nadie juega para perder pero también entender que para que gane uno otro tiene que perder. Cuando entienden que al perder también hay posibilidad de aprender y crecer, el ánimo cambia, el compromiso para seguir esforzándose es mayor y seguir adquiriendo experiencia que nos darán mayor seguridad.

Te invitamos a que respondas estas preguntas y veas cómo son tus reacciones. Es un buen momento para plantearnos cómo afrontar estas situaciones adversas y de ellas absorber la mayor cantidad de aprendizaje para cuando en un futuro mejorar tanto el rendimiento a nivel deportivo como personal.

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